El día sábado se registraron enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales de Yemen, respaldadas por Arabia Saudita, y los rebeldes hutíes apoyados por Irán, provocando la muerte de más de 60 personas, según informes de fuentes médicas y militares.
Los combates, que se desarrollan en el suroeste del país por el control del acceso al mar Rojo, se reanudaron tras un viernes sangriento en el que se reportaron más de 129 muertes.
Desde que se rompió el alto el fuego acordado en 2022, Yemen se ha visto inmerso en una guerra regional, exacerbada por la ofensiva estadounidense-israelí contra Irán que comenzó en febrero.
Fuentes militares han informado que 26 soldados del gobierno perdieron la vida tras intensos combates, mientras que los hutíes reportaron 31 bajas entre sus filas.
Un ataque con misiles en la ciudad de Taiz, controlada por el gobierno, dejó seis civiles muertos y siete heridos. Este ataque, atribuido a los hutíes, ocurrió cuando un autobús transitaba por la carretera que conecta Taiz con Adén, donde el gobierno reconocido por la comunidad internacional se ha refugiado tras la toma de Saná por parte de los insurgentes.
Las autoridades en Taiz han señalado que las horas venideras serán cruciales, dado que los rebeldes han tomado posiciones estratégicas cerca de la ciudad. Refuerzos provenientes de Adén están llegando para contrarrestar la ofensiva hutí, que busca cortar el acceso a la ciudad portuaria de Moca.
Con el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán, el estrecho de Bab el Mandeb ha cobrado mayor relevancia en el tránsito de petróleo saudí. En respuesta a la situación, se han intensificado los ataques aéreos por parte de Arabia Saudita sobre las posiciones ocupadas recientemente por los hutíes en Taiz.