Steve Kang tuvo una experiencia extraordinaria tras un intento de suicidio relacionado con el consumo de drogas. Durante ocho horas, se encontró clínicamente muerto en la mesa de operaciones. Su relato, divulgado por el medio Clarín, describe un lugar de terror y desesperación.
Kang describió el entorno como un paisaje desolador y rocoso donde estaba encadenado junto a otras almas en pena. "No era un lugar agradable, no había luz, ni plantas, y no recuerdo ver ni un poco de hierba", recordó con escalofrío.
Las entidades aterradoras del más allá.
Durante su tiempo en ese oscuro lugar, el hombre sintió la presencia de figuras gigantes encapuchadas que observaban el sufrimiento de las almas. "Eran seres que medían entre tres y cinco pisos de altura", relató, rememorando la angustia que le causaron.
Kang experimentó un dolor insoportable, con la sensación de que su condena en aquel abismo sería eterna. En un momento de epifanía, comprendió que era un pecador y merecía el tormento que estaba viviendo.
Intervención divina y recuperación inexplicable
Mientras los médicos intentaban salvar su vida, la madre de Steve organizó un grupo de oración. Aunque físicamente estuvo ausente por ocho horas, él sentía que apenas habían pasado quince o veinte minutos, una distorsión del tiempo que lo envolvió durante su experiencia.
Sorprendentemente, Kang despertó del coma tras oír una voz celestial. Los cirujanos lo consideraron un verdadero milagro, algo que él mismo atribuye a la ferviente oración de su madre. Desde entonces, ha dejado atrás su vida anterior y ahora se dedica a la pastorea evangelista.
"Empezaron a orar, y el médico luego dijo que era un milagro".