En el municipio de Paurito, tres talentosas artesanas -Rosa Gutiérrez, Yamile Moreno y María Brígida Melgar- han encontrado en el tejido de sombreros con palma de saó una forma de sustentar a sus familias, al tiempo que preservan una tradición arraigada en la cultura cruceña.
Rosa Gutiérrez, quien aprendió este arte al observar a su madre, comparte con orgullo cómo desde niña le entusiasmaba aprender a tejer con sus vecinas. "Me siento muy orgullosa de continuar el legado de mi difunta madre. Gracias a ella soy artesana y con eso he criado a mis hijos", expresa Rosa.
El proceso de creación del sombrero de saó
- Preparar la palma
- Retirar espinas
- Deshilachar la hoja
- Hacer el botón
- Añadir elementos
- Formar la copa
- Doblar y ajustar el ala
Yamile Moreno, por su parte, elabora entre uno y dos sombreros al día. Con las ganancias, apoya a sus hijos y mantiene su hogar. Su trabajo ha cruzado fronteras, alcanzando incluso Estados Unidos, donde ha creado piezas especiales como un brazalete inspirado en la Mujer Maravilla, presentado en el estreno de la película.
Desde los ocho años, María Brígida Melgar ha estado tejiendo, influenciada por su madre. Con casi cinco décadas de experiencia, resalta la importancia de recibir esta tradición de una mujer de 83 años, considerándolo un legado familiar y cultural significativo. "Lo realizamos con las manos de mujeres valientes", añade con orgullo.
Las tres artesanas son miembros activas de la Asociación de Mujeres Emprendedoras de Artesanías del Sombrero de la Palmera de Saó Andrés Ibáñez Paurito. Esta organización busca proteger su arte y fomentar la venta de sus productos. Paurito ostenta la distinción de ser la Capital Departamental del Sombrero de Saó gracias a una ley que lo reconoce.
Uno de los retos que enfrentan es la falta de espacios adecuados para mostrar y comercializar sus creaciones. Hacen un llamado a las fraternidades para que valoren y promuevan esta expresión cultural. Su mensaje a las nuevas generaciones es claro: aprender a tejer sin vergüenza y sentir orgullo por sus raíces. Cada sombrero de saó representa esfuerzo, sustento, naturaleza, tradición y la identidad cruceña.