Desde su juramento ante la Asamblea Legislativa Plurinacional, Rodrigo Paz Pereira se comprometió a cumplir sus promesas, bajo el lema de 'Bolivia' y 'Patria'. Sin embargo, el camino ha estado lleno de obstáculos y expectativas no cumplidas.
Las promesas electorales suelen estar sujetas a la tolerancia de los votantes, y aunque la reforma de las subvenciones a los hidrocarburos se ha demorado, se ha comprendido que veinte años de políticas del MAS no podían ser revertidas de inmediato. La abrogación de dichas subvenciones fue recibida con aceptación, aunque la llegada de gasolina contaminada complicó la situación, generando confusión sobre si fue un 'complot' o un 'accidente'. De esta manera, los decretos del gobierno, que no llegaron a transformarse en leyes, fueron justificados por la necesidad de reestructurar el Estado, aunque su implementación se vio frenada por la protesta de sectores sociales.
Los bloqueos y manifestaciones violentas que sacudieron al país fueron más consecuencia del cansancio de la ciudadanía que de los diálogos promovidos por la Iglesia Católica. La población, afectada por la escasez y la falta de servicios, mostró su descontento, lo que llevó a los líderes de los movimientos sociales a reconocer que el malestar estaba dirigido hacia ellos.
A pesar de la finalización de los bloqueos, la situación no se resolvió del todo, ya que el gobierno cumplió con la mayoría de las demandas de los manifestantes. Pasado este periodo de crisis, la ciudadanía esperaba acciones concretas para reencauzar el cambio prometido. Sin embargo, la gestión gubernamental ha mostrado timidez y falta de efectividad, distanciándose de una posible colaboración con la Asamblea Legislativa.
A pesar de que el país ha comenzado a abrirse al mundo, el modelo del MAS sigue presente y la transformación esperada se ha visto limitada. La continuidad de ciertos funcionarios en el exterior y la falta de nuevas leyes transformadoras son ejemplos de una gestión que aún no logra desprenderse del pasado.
Hoy Bolivia se encuentra en una encrucijada que requiere decisiones claras y audaces. Sin los cambios necesarios, el país podría estar encaminado a repetir los errores del pasado, pero sin las excusas de la pandemia que marcaron el 2020.