La madrugada del 10 de agosto se tornó trágica para la familia Saavedra Caicedo, oriunda de Cali. Jairo Hernán Saavedra y Blanca Victoria Caicedo disfrutaban de una noche de salsa justo antes de que un terremoto de magnitud 7,4 sacudiera el centro y suroeste de Colombia. Horas después, su hogar se convertiría en una trampa mortal, dejando a su familia deshecha.
El temblor generó pánico en la comunidad. Álvaro Vargas, un vecino, describió cómo escuchó el crujido del edificio donde vivían las trillizas y vio cómo se venía abajo. "Pensé que era el fin", relató, recordando la nube de polvo que cubrió la zona tras el colapso del edificio.
A pesar de los esfuerzos por parte de voluntarios y vecinos, solo Ana María, una de las trillizas, logró salir con vida de entre los escombros. Con el paso de las horas, comenzaron a aparecer los cuerpos de Jairo, Blanca y de las otras dos niñas, Sofía e Isabella.
Hasta el último momento mantuvimos la esperanza de encontrarla con vida. Hoy, esa esperanza se convierte en un dolor imposible de explicar.
La velada antes del desastre había sido una celebración. DJ Prilla, encargado de la música en la discoteca 'La caldera del diablo', describió a la familia como alegre y rumbera. Jairo, en particular, era un apasionado del ritmo y disfrutaba tocar instrumentos como el güiro. La fiesta duró hasta la medianoche, un último recuerdo feliz antes de la tragedia.
El barrio Cuarto de Legua ahora enfrenta una dura realidad: edificios dañados y una comunidad marcada por el luto. Los operarios trabajan para remover los escombros del edificio que albergaba a la familia Saavedra, mientras algunos vecinos recuerdan con cariño a quienes perdieron.
"Eran personas muy queridas, se hacían querer, eran buenos seres humanos, muy alegres. Los vamos a extrañar", expresó Diana, una vecina que lamenta la pérdida de esta familia que dejó una huella en su comunidad.