La inteligencia artificial (IA) ya está generando cambios significativos en el trabajo en Bolivia. En medio de un panorama de crisis económica y una alta tasa de informalidad, esta tecnología no solo presenta desafíos, sino que también ofrece nuevas oportunidades para aumentar la productividad.
Un ejemplo claro de esta transformación es el caso de Tito, un software imaginario que realiza en cuestión de minutos tareas que tradicionalmente requerían una jornada laboral completa. Este tipo de tecnología suscita una pregunta crucial: ¿qué sucederá con los puestos de trabajo cuando las máquinas puedan ejecutar esas funciones con mayor rapidez y eficiencia?
Según datos del Monitor de Inteligencia Artificial 2026, el 70% de los trabajadores bolivianos encuestados afirmó que la IA les ha permitido optimizar su tiempo en el último año. Sin embargo, este avance llega acompañado de inquietudes, ya que un 56% de los consultados teme que su empleo sea reemplazado por máquinas en un plazo de cinco años.
El informe, elaborado por Ipsos Global Advisor, incluye respuestas de 400 bolivianos de entre 18 y 81 años. Las percepciones sobre la IA se centran en aquellos que están ocupados, aunque no reflejan la realidad de aquellos con menor acceso a la tecnología.
La situación laboral en Bolivia es complicada. Un informe del INESAD detalla que el desempleo urbano alcanzó el 2,3% al finalizar 2025, mientras que los ingresos laborales reales se redujeron en un 13,4% en el mismo periodo. De hecho, solo el 16,9% de los trabajadores urbanos cuenta con aguinaldo, señal de la precariedad existente.
La alta tasa de informalidad, que se estima en un 78%, es un factor que complica aún más la adopción de tecnologías como la IA. Muchos trabajadores en sectores como el comercio y el transporte carecen de los recursos necesarios para integrar estas innovaciones en sus labores diarias.
El Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025 sitúa a Bolivia entre los países en fase de exploración, con un puntaje de 26,06 sobre 100, reflejando limitaciones en infraestructura y capacitación. Esto significa que, aunque la tecnología esté disponible, su implementación es desigual.
A pesar de los retos, existe un ámbito donde la automatización podría ofrecer mejoras notables, como en el sistema de justicia. Aunque una IA como Tito podría agilizar procesos, la administración de justicia conlleva principios que requieren la intervención humana, algo que un algoritmo no puede replicar.
La tecnología tiene el potencial de mejorar la eficiencia de diversas funciones laborales, pero no resuelve de manera automática los problemas económicos y de formación que enfrenta el país. Sin un acceso equitativo a la capacitación y a recursos tecnológicos, los beneficios de la IA podrían concentrarse en sectores que ya tienen una ventaja competitiva.
Bolivia se encuentra en una encrucijada frente a la inteligencia artificial, donde no solo se trata de contar cuántos empleos podría reemplazar Tito, sino también de cuántas oportunidades se perderán si no se aprende a integrar esta tecnología de manera efectiva en un entorno laboral ya afectado por la informalidad.