Los costos de los fletes de exportación han aumentado, mientras que las tarifas de importación han disminuido debido a la competencia por la escasez de mercancía. Los transportistas enfrentan serias dificultades para cubrir sus costos, lo que afecta tanto a su actividad como a los productores locales.
Julio César Lamas, un transportista de vehículos, explica que su trabajo implica gastos elevados. Cada viaje desde Cochabamba a Chile y de regreso representa un desembolso significativo en diésel y otros costos operativos, lo que hace que la rentabilidad sea incierta.
Marcelo Cruz, representante del transporte pesado, señala que las tarifas de exportación para productos bolivianos han aumentado, mientras que las relacionadas con la importación han bajado. Esta disparidad complica aún más la situación de los transportistas, quienes deben enfrentarse a un mayor gasto sin garantías de ingresos equivalentes.
Lamas menciona que su tarifa por flete debería ajustarse de Bs 65.000 a Bs 75.000 para poder afrontar adecuadamente sus costos. Sin embargo, este ajuste no siempre es aceptado por los clientes, quienes también enfrentan sus propios problemas económicos.
Las cifras indican que el costo del flete de soya ha pasado de Bs 1.200 a Bs 1.550 por tonelada, lo que no se traduce en ganancias significativas para los transportistas, debido a los altos costos operativos que deben cubrir igualmente en el camino de regreso, a menudo vacío.
El gerente de Anapo, Jaime Hernández, informa que el incremento de los fletes ha sido del 40% al 45%, lo que resulta en que muchos productores asimilan estos costos sin trasladarlos al precio de sus productos. El aumento del diésel afecta todos los aspectos del proceso agrícola, desde la siembra hasta la cosecha.
Los transportistas han comenzado a buscar rutas internas debido a la falta de carga disponible en el comercio exterior, situación que ha llevado a que muchos vehículos permanezcan en mantenimiento. La disminución de la actividad se hace evidente, lo que afecta a toda la cadena de suministro y a los precios finales al consumidor en el país.
Por último, Milton Málaga, del Colegio de Profesionales de Comercio Exterior, destaca que el costo del transporte ha subido de manera considerable, lo que no solo impacta a los transportistas, sino que también se traduce en un aumento en el precio de los productos importados para el consumidor final.
"Al final, el importador lo que hace es trasladarlo en el precio final al consumidor interno, o sea, a nosotros".