El rey Harald V de Noruega, el monarca europeo más longevo hasta la fecha, falleció el 28 de agosto a los 89 años. Su deceso fue comunicada por el Palacio Real noruego, marcando el final de una era caracterizada por su compromiso con la modernización de la monarquía.
Harald comenzó su vida en medio del conflicto, ya que con solo cinco años, la Segunda Guerra Mundial interrumpió su infancia. En 1940, al ser invadido su país por tropas alemanas, se trasladó a Estados Unidos con su madre y hermanas, donde tuvo su primera experiencia en la vida pública.
El regreso a Noruega en 1945 marcó un hito, ya que se convirtió en el primer miembro de la familia real en asistir a una escuela pública. A lo largo de su formación, destacó en deportes acuáticos, participando en tres Juegos Olímpicos y fomentando una imagen de una monarquía activa y accesible.
En su vida personal, la historia de amor entre Harald y Sonja Haraldsen, una plebeya, desafió convenciones y expectativas. Tras años de resistencia ante la oposición de su padre, el rey Olav, finalmente, se casaron en 1968, acercando aún más a la monarquía a sus súbditos.
Durante su reinado, que comenzó en 1991, Harald V se destacó por impulsar reformas que modernizaron la monarquía. Promovió la transparencia en la casa real y se adaptó a los cambios sociales, incluyendo la sucesión igualitaria en la línea de herencia.
A pesar de los escándalos recientes que han sacudido a la corona, la figura del rey Harald resurgió en momentos difíciles, como tras los atentados de 2011, donde su liderazgo moral se volvió un pilar de unidad para el pueblo noruego.
Con el paso del tiempo, la salud del rey se deterioró, lo que llevó a su hijo Haakon a asumir más funciones en la regencia. No obstante, Harald siempre se mantuvo fiel a su compromiso de reinar hasta el final, siguiendo la tradición de su familia.