El miércoles, la majestuosa ciudadela de Tiahuanaco, ubicada en el Altiplano boliviano, fue el punto de partida de una historia que une a los pueblos de Sudamérica. En este lugar sagrado, se encendió el fuego que acompañará la decimotercera edición de los Juegos Suramericanos, los cuales se llevarán a cabo en Santa Fe, Argentina, del 12 al 26 de septiembre de 2026.
La ceremonia se desarrolló en el histórico templo de Kalasasaya, donde se realizaron rituales andinos a cargo de sabios ('amautas') que ofrecieron tributos a la Pachamama, la Madre Tierra, buscando bendiciones para el evento deportivo.
Jóvenes ataviados como chaskis, mensajeros del antiguo imperio inca, descendieron desde la cima de la pirámide de Akapana, sosteniendo la antorcha. En un momento significativo, el fuego de la ofrenda fue utilizado para encender la antorcha, que fue entregada por Marco Arze, presidente del Comité Olímpico Boliviano, y Alejandro Menacho, director general del Viceministerio de Deportes, al presidente de la Organización Deportiva Suramericana, Mario Moccia.
De acuerdo con el estatuto de Odesur, cada cuatro años, este antiguo sitio, a poco más de 70 kilómetros de La Paz, se convierte en el lugar donde se da inicio al fuego de los Juegos Suramericanos, resaltando su importancia como uno de los centros espirituales más relevantes del mundo andino.
Durante su intervención, Arze recordó que La Paz fue la primera sede de los Juegos Cruz del Sur en 1978, un evento que comenzó con 600 atletas y 16 deportes. Hoy, después de 50 años, se espera reunir a más de 4,000 competidores en 43 disciplinas, lo que refleja la evolución y el crecimiento del evento gracias a la colaboración de los dirigentes deportivos de la región.
Moccia, por su parte, agradeció a las autoridades y a los habitantes de Tiahuanaco, así como al Gobierno boliviano y al COB por su apoyo en la organización de esta ceremonia, subrayando que es un hito en la historia de los Juegos Suramericanos desde su inicio en 1978. Además, mencionó que el evento en Santa Fe promete ser excepcional, ofreciendo un legado transformador que beneficia a las comunidades a través de la inversión y el desarrollo de infraestructura.