El complejo proceso de reforma de la Constitución en Bolivia

Pedro Guasase septiembre 9, 2026 3 min de lectura

Desde hace algunas semanas, diversos líderes políticos en Bolivia han comenzado a discutir la necesidad de reformar la Constitución Política del Estado (CPE). Este interés surge de la percepción de que la adaptación de leyes cruciales se encuentra restringida por las disposiciones de la actual norma suprema, que lleva 17 años en vigor.

La urgencia de esta reforma es evidente, ya que la constitución vigente se ha vuelto un obstáculo para fomentar la inversión privada, fortalecer la independencia judicial, garantizar el Estado de derecho y promover la unidad del país. Por ello, el debate ha trascendido lo meramente teórico y se han presentado propuestas concretas.

Las propuestas más destacadas provienen del ex presidente Jorge Quiroga y del asambleísta Carlos Alarcón. Además, el presidente del Senado y el mandatario Rodrigo Paz han expresado su apoyo a esta iniciativa. Sin embargo, la reacción de sectores de la izquierda, incluyendo a Evo Morales, ha sido de oposición, a pesar de que en 2023 había manifestado la necesidad de ajustes a la CPE.

Desafíos en la reforma constitucional

El proceso de reforma enfrenta complicados desafíos. Uno de los principales será definir el alcance de la reforma: si se opta por cambios parciales, estos podrían provocar disputas ideológicas artículo por artículo, mientras que una reforma amplia podría ser vista como un intento de desmantelar el modelo de Estado Plurinacional, generando rechazo en sectores que ven la CPE como parte integral de su identidad.

Otro aspecto crucial a considerar es la gran cantidad de detalles que regula la Constitución en áreas económicas y sectoriales, que en otras naciones se resuelven a través de leyes específicas. Esta abundancia de regulaciones puede limitar la flexibilidad del Estado para adaptarse a cambios necesarios y responder a contextos económicos fluctuantes.

La opinión pública también juega un papel fundamental en este proceso. Si la reforma se convierte en un plebiscito sobre la gestión del gobierno o el liderazgo, podría fracasar en las urnas, lo que tendría como consecuencia un estancamiento que dificultaría futuras propuestas reformistas.

Por último, el ámbito jurídico implica otro reto significativo. El artículo 411 de la CPE establece distinciones entre reformas totales y parciales, pero lo hace de manera ambigua. Además, establece diversas condiciones y limitaciones que obligan a contar con una amplia aprobación parlamentaria y la realización de referendos, sumando una capa adicional de complejidad al proceso.

Modificar la Constitución no es una panacea para los problemas del país. Si bien puede establecer mejores normativas para abordar crisis actuales, no sustituye la necesidad de una buena gestión pública ni de una política económica coherente. Por ende, el verdadero desafío radica en forjar un acuerdo nacional que defina claramente las reglas sobre poder, economía y convivencia democrática.

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