Cuidado y protección de la fauna silvestre frente al mascotismo

Pedro Guasase octubre 5, 2026 2 min de lectura

El interés por tener mascotas exóticas en hogares ha crecido, siendo los loros y monos los más deseados. Sin embargo, esta tendencia conlleva riesgos significativos y está sustentada por una red de traficantes que opera en el país, particularmente en Santa Cruz, donde estas prácticas son comunes y están penadas por la ley.

En el centro de custodia de Yvaga Guazú, se han recibido más de 200 animales rescatados, cada uno con una historia de sufrimiento. La veterinaria Khandy Gandarillas subraya la dificultad de su recuperación, ya que muchos animales llegan en condiciones críticas y no todos logran reintegrarse a su hábitat natural.

La cruel realidad del tráfico de fauna silvestre.

Las aves, como las mioxitas, alita amarilla y forbus, son muy codiciadas. En el caso de los primates, la captura es aún más violenta; se atacan a las familias de monos para obtener crías, dejando un rastro de destrucción y sufrimiento.

Gandarillas se enfrenta a una dura lucha contra los traficantes, a menudo limitada por la falta de apoyo institucional, lo que hace que los procesos judiciales sean lentos y poco efectivos.

Daniela Justiniano, de Alas Chiquitanas, se une a la lucha de Gandarillas, enfatizando que el mascotismo rompe el equilibrio vital de los ecosistemas, generando consecuencias irreversibles tanto para los animales como para los bosques.

En el centro, se brindan cuidados a los animales rescatados, con historias de éxito y frustración. Por ejemplo, un tucán llegó en condiciones deplorables, tuvo una recuperación notable, pero terminó nuevamente en cautiverio tras haber sido rescatado de una casa.

El caso de Saini, un mono ardilla, ilustra las complicaciones del tráfico; fue un regalo de Navidad y, tras ser entregado al centro, no pudo ser aceptado por su manada, quedando aislado en cautiverio. Asimismo, dos monos aulladores rescatados, aún dependientes de sus madres, están siendo rehabilitados, aunque sus futuros en libertad son inciertos.

Desde 1979, el Parque Ecológico Yvaga Guazú, fundado por Rebeca Rozenman Attie, se ha convertido en un refugio para la vida silvestre, desarrollando un área de 14 hectáreas que alberga una rica biodiversidad y un espacio para la educación ambiental, ofreciendo recorridos para que la comunidad conozca y valore la flora y fauna del lugar.

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