La escasez de combustibles en Bolivia se ha agudizado durante el mes de agosto, evidenciándose en largas filas de vehículos que aguardan en estaciones de servicio, las cuales se quedan sin suministro rápidamente. Este problema, que varía en intensidad según la región, tiene un factor común: la oferta y distribución de carburantes no ha podido satisfacer la creciente demanda.
Las capitales más afectadas, según informes recientes, son La Paz, Cochabamba, Potosí, Oruro, Chuquisaca, Tarija y Beni, que enfrentan serias dificultades para obtener tanto gasolina como diésel.
A pesar de que YPFB asegura que cuenta con suficiente combustible en sus instalaciones, la falta de logística adecuada para la distribución complica aún más la situación. Para los usuarios, la discrepancia entre tener combustible en stock y su disponibilidad en los surtidores es irrelevante; la realidad es que, si el producto no llega a las estaciones, la escasez se convierte en un obstáculo diario.
La Paz se posiciona como una de las áreas más afectadas debido a su dependencia de las cisternas que llegan a la planta de Senkata y las complicadas rutas de acceso. Los conductores de La Paz y El Alto han llegado a esperar varios días para poder llenar sus tanques. Las redes sociales muestran colas interminables en zonas como Miraflores, San Antonio y Villa El Carmen.
En Cochabamba, las filas de vehículos, incluidos autos particulares y camiones, son comunes en las avenidas Blanco Galindo y Villazón, donde el tiempo de espera se extiende también por horas o días.
Oruro enfrenta una oferta irregular de diésel, lo que afecta gravemente a sectores como el minero, agrícola y del transporte, que dependen de grandes volúmenes de este combustible.
Por su parte, en Potosí, se han intensificado los controles en las estaciones de servicio por parte de YPFB y la ANH, que han detectado vehículos con irregularidades en la carga. Sin embargo, la escasez sigue siendo evidente, incluso con estas medidas.
En cuanto a Chuquisaca, la crisis es menos severa, aunque también se ve afectada. YPFB ha programado un promedio de 435.000 litros diarios de combustibles líquidos, distribuyendo 190.000 litros de diésel y 245.000 litros de gasolina, aunque la situación sigue siendo precaria.