El pasado 9 de octubre, el mandatario estadounidense Donald Trump comunicó un acuerdo con el líder ruso Vladímir Putin que permitirá a Rusia exportar diésel al mercado de Estados Unidos y al ámbito internacional. Esta medida busca frenar el incremento en los precios de los combustibles que ha afectado a la economía mundial.
Trump detalló que el primer cargamento superará las 300.000 toneladas, seguido de envíos adicionales de 500.000 toneladas en noviembre y, posteriormente, un millón más. Este aumento en la oferta, según el presidente, contribuirá a una rápida disminución de los precios.
La crisis energética ha sido intensificada por el conflicto con Irán y las interrupciones en las rutas clave para el transporte de hidrocarburos. En el territorio estadounidense, el costo promedio del diésel alcanzó los 6,28 dólares por galón, de acuerdo a información de la asociación automovilística AAA.
Después del anuncio, el Departamento del Tesoro de EE.UU. emitió una licencia temporal que autoriza la importación de diésel ruso. Esta decisión marca un cambio significativo en la política de sanciones económicas impuestas a Moscú, que actualmente enfrenta medidas internacionales debido a su intervención en Ucrania.
La reacción a este acuerdo no se hizo esperar. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, expresó sus preocupaciones, señalando que relajar las restricciones sobre los productos de petróleo ruso podría facilitar recursos para la continuación de la guerra. Por su parte, Kirill Dmitriev, representante del Kremlin, celebró el avance en la cooperación energética entre las dos naciones.
A pesar de que Trump proyecta una disminución veloz en los precios, el efecto real dependerá de varios factores, como el volumen de diésel que realmente llegue al mercado, los tiempos de entrega y la evolución del conflicto en Medio Oriente. El precio del crudo Brent, para referencia, se mantenía por encima de los 103 dólares por barril, según un informe de BBC Mundo.