Rememoración y unión familiar en el Día de los Muertos en Perú

Luis Ojopi noviembre 1, 2026 2 min de lectura

Este domingo, miles de personas se congregan en el cementerio de Nueva Esperanza, en el distrito de Villa María del Triunfo, al sur de Lima. Este lugar, que es el cementerio más grande de Latinoamérica, abarca 60 hectáreas y se ha convertido en un sitio emblemático para el recuerdo en el Día de los Muertos.

Desde muy temprano, los dolientes hacen su camino a pie hacia este vasto camposanto. El terreno accidentado y las laderas de los cerros dificultan el acceso en vehículos, lo que transforma la travesía en un acto de esfuerzo y devoción, que se extiende desde el amanecer hasta el anochecer.

La visita al cementerio es una tradición que muchas familias mantienen con fervor. Portando flores, globos y bebidas, los asistentes se reúnen junto a las tumbas de sus seres queridos para compartir recuerdos y honrar su memoria, reafirmando el lazo familiar que trasciende la muerte.

Estela La Rosa, quien ha visitado a sus hijos en este cementerio durante los últimos tres años, expresa su profundo dolor al recordar a sus pequeños. "Soy su mamá y los extraño bastante", dice entre lágrimas, reflejando el intenso amor y la tristeza que acompaña a los padres que han perdido a sus hijos.

Rodolfo, otro visitante, recuerda a su hija que falleció hace tres décadas a tan solo un mes de vida. "Mi hijita nació con ojos color verde, como las hojas, y me la 'ojearon'", comparte con nostalgia, afirmando que su fe lo impulsa a rendir homenaje a su hija con un ritual especial.

Lucía Silva, quien padece fibrosis pulmonar, también visita el cementerio para recordar a sus padres, fallecidos en 1999 y 2005. A pesar de los desafíos físicos que enfrenta, ella sostiene que es esencial recordar a quienes han hecho sacrificios por sus familias. "Es bastante sacrificado, hay que seguir caminando hasta llegar a nuestra meta", afirma con determinación.

Marcos Porras, de 36 años, visita a su hermano que falleció a causa de una epidemia de cólera, un encuentro que marca la memoria familiar. Aunque nunca conoció a su hermano, esta tradición lo conecta con sus raíces familiares, incluyendo a sus abuelos, y refuerza la unión familiar que se celebra luego en casa.

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