La discusión en torno a la posible eliminación de la subvención estatal para los combustibles ha despertado preocupación en diversos sectores de la población. Esta medida podría tener un impacto directo en el costo de vida, afectando a las familias bolivianas.
El economista Ruddy Sanguino señaló que los primeros en experimentar las repercusiones de esta medida serían los sectores productivos y los importadores. Según Sanguino, "el primer impacto se da en los productores y en los importadores que asumen ese costo, pero esos productores terminan trasladando ese costo al precio final".
Consecuencias en el transporte y la economía familiar
Sanguino también advirtió que esta situación afectaría significativamente a los conductores particulares, quienes podrían verse obligados a cambiar sus hábitos de transporte. En su opinión, si una persona gastaba 200 bolivianos a la semana en combustible, podría terminar gastando hasta 500 bolivianos, lo que se traduciría en un importante gasto mensual adicional.
El economista destacó que este aumento de costos podría representar hasta un 50% del ingreso mensual de una familia, lo que obligaría a muchas personas a optar por el transporte público para evitar una mayor carga económica. Esta situación podría reducir el bienestar general de las familias afectadas, especialmente aquellas con menos recursos.
Finalmente, Sanguino enfatizó que, para que la eliminación de la subvención sea viable, debe ir acompañada de medidas que compensen a las familias, permitiendo así que el impacto sobre su economía no sea tan severo.