La Casa Blanca, en un ingenioso uso de la tecnología de inteligencia artificial, ha lanzado un video que rinde homenaje al inicio de los episodios de Juego de Tronos. En este clip, el Despacho Oval se transforma en un escenario digno de la serie creada por George R.R. Martin, donde el escritorio presidencial se metamorfosea en el famoso Trono de Hierro, un símbolo de poder y ambición.
El video, que tiene una duración de un minuto, es un recorrido visual que presenta varios monumentos y edificios emblemáticos de Washington D.C. mediante un mapa interactivo. Este despliegue, acompañado por la famosa melodía de Ramin Djawadi, incluye lugares como el Capitolio, el Memorial a la Segunda Guerra Mundial, el monumento a Cristóbal Colón y el parque Meridian, todos revitalizados bajo una iniciativa de embellecimiento impulsada por la actual administración.
En la narrativa del video, se destaca un mensaje que dice: "La capital: restaurada. El Orden ha sido restablecido. La capital, recuperada", lo que añade un tono triunfal a la presentación. Al culminar, la imagen lleva a los espectadores hacia el Despacho Oval, donde el escritorio se convierte en un trono forjado en espadas, adornado con una bandera estadounidense y flanqueado por antorchas en forma de dragón.
Esta publicación se produce justo después del estreno del último episodio de la tercera temporada de 'La Casa del Dragón', una serie derivada de Juego de Tronos que se sitúa casi dos siglos antes de los eventos narrados en la obra literaria de Martin. El episodio se centra en la lucha interna entre facciones de la familia Targaryen, destacando la violenta ambición de la reina Rhaenyra Targaryen por mantener su poder en el Trono de Hierro.
El uso de referencias culturales y memes es una estrategia común en las redes sociales de la administración de Trump, donde también se ha representado al presidente como un monarca, lo que ha dado pie al movimiento opositor "No kings". En meses anteriores, la Casa Blanca había generado controversia por su uso de canciones populares de artistas como Bad Bunny y Taylor Swift, adaptando su contenido para reflejar políticas, lo que ha llevado a que algunos músicos objeten su uso.