El pasado sábado, un jaguar fue muerto a tiros en la ciudad de Guayaramerín, en el departamento de Beni, después de que el animal ingresara a una vivienda. Tras su muerte, los pobladores de la zona desmembraron su cuerpo y extrajeron su piel.
Marco Uzquiano, presidente de la asociación de guardaparques, aclaró que se trataba de un jaguar de la especie Pantera onca, y no de un puma como se había indicado en un principio. Uzquiano destacó que el jaguar es una especie vulnerable y protegida, fundamental para el equilibrio ecológico y la biodiversidad de la región.
El guardaparques elogió la respuesta del Ministerio Público y de la Policía Forestal y Preservación del Medio Ambiente (Pofoma) ante este suceso, que resultó en la muerte de un animal protegido en Bolivia. Según Uzquiano, al observar los videos publicados en redes sociales, no se evidenció un ataque del jaguar, sino más bien un comportamiento asustado del animal que intentaba protegerse antes de ser disparado.
Posteriormente a su muerte, Uzquiano denunció que los responsables decapitaron al jaguar y lo transportaron como un trofeo en motocicleta, una acción que contraviene las normativas de protección de la fauna silvestre. También enfatizó la importancia de recurrir a las autoridades competentes en caso de encontrar a un animal salvaje, quienes deberían encargarse de su inmovilización y traslado a un hábitat seguro, en lugar de tomar decisiones que pongan en riesgo a especies en peligro.