El primer día de gobierno de Abelardo de la Espriella, quien asumió la presidencia de Colombia el pasado viernes en Cali, fue empañado por la violencia. Dos ataques con explosivos en diferentes localidades del país dejaron un saldo trágico: un oficial fallecido y múltiples heridos.
Uno de los incidentes ocurrió en la madrugada del sábado, cuando disidentes de la guerrilla FARC detonaron explosivos en un peaje en construcción en la vía Panamericana, en el municipio de Santander de Quilichao, en el departamento del Cauca. Este ataque, que fue confirmado por el Ejército, dejó a dos guardias de seguridad con lesiones leves.
El Ejército de Colombia atribuyó esta ofensiva a seguidores de Iván Mordisco, un líder guerrillero que se apartó del acuerdo de paz firmado en 2016 entre el gobierno y las FARC. La situación ha generado una gran tensión entre los habitantes de la zona, como lo expresó Roberto Sandoval, un bombero local, quien manifestó que la comunidad se siente nerviosa y alarmada ante tales eventos.
Sonia Zapata, una ama de casa de 68 años y vecina del lugar, compartió su experiencia tras la explosión, recordando que su hijo le pidió que se tiraran al piso debido al miedo que sentían. Con vidrios rotos esparcidos en su hogar, expresó su ansiedad por la situación actual.
En otro hecho violento ocurrido el mismo día en el departamento del Cesar, un policía perdió la vida tras un ataque con drones cargados de explosivos en una estación policial. Las autoridades aún no han determinado qué grupo es responsable de este ataque, aunque el presidente De la Espriella ha señalado que este crimen no quedará sin consecuencias.
El nuevo mandatario ha prometido combatir el narcoterrorismo sin descanso y ha declarado que los diálogos de paz con los principales grupos armados serán suspendidos, lo que podría intensificar aún más la violencia en el país.