La tragedia generada por el incendio en la Feria Barrio Lindo dejó imágenes conmovedoras, como la de un bombero voluntario que abrazó a un niño en llanto, reflejando la desesperación de muchos afectados por la situación. El pequeño, visiblemente angustiado, se sintió impotente al observar el sufrimiento de sus padres y la devastación que les había dejado el siniestro.
Los equipos de emergencia enfrentaron más de nueve horas de arduo trabajo para controlar las llamas que amenazaban con reavivarse. A lo largo de la jornada, varios bomberos sufrieron problemas por la inhalación de humo y requirieron atención médica, por lo que ambulancias fueron enviadas al lugar para brindar asistencia.
Además de lidiar con el intenso calor, las brigadas de rescate se enfrentaron a la angustia de los comerciantes que, desesperados, intentaban recuperar sus pertenencias. En medio del pánico, los voluntarios no solo se dedicaron a controlar el fuego, sino también a ofrecer apoyo emocional a aquellos afectados.
Las solicitudes de ayuda para continuar con la lucha contra el incendio no cesaron. Los rescatistas pidieron de manera urgente a YPFB que interrumpiera el suministro de gas en la zona y que proporcionara combustible para los equipos de trabajo.
El impacto económico del incendio fue devastador, afectando a miles de comerciantes de distintos rubros, incluidos muebles, ferretería y cotillones, quienes ahora enfrentan pérdidas millonarias debido a este siniestro.