Claudia Sheinbaum, mandataria de México, ha decidido avanzar en la evaluación del fracking, una técnica de extracción de hidrocarburos, tras las recomendaciones de un comité científico que aconsejó continuar con los estudios en las cuencas de Burgos y Sabinas-Burro-Picachos, localizadas en los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila.
La presidenta ha defendido esta decisión argumentando que México depende del gas importado, alcanzando hasta un 75% de su consumo actual de este recurso, mayoritariamente proveniente de Estados Unidos. Según Sheinbaum, la evaluación es necesaria para disminuir esta dependencia, aunque también ha prometido prohibir el fracking en la cuenca Tampico-Misantla mediante un decreto, atendiendo así a las recomendaciones del grupo de expertos.
Los especialistas han señalado que el fracking implica un alto consumo de agua, estimado entre 50,000 y 70,000 metros cúbicos por pozo, lo que genera preocupaciones sobre el impacto que podría tener en los acuíferos locales y en la comunidad. En respuesta, se ha sugerido la extracción de agua salada de formaciones rocosas subterráneas como una posible solución para mitigar el uso de agua dulce.
Durante su campaña hacia la presidencia en 2024, Sheinbaum había prometido no permitir el uso de fracking, un compromiso que ahora contrasta con la apertura de su gobierno a esta técnica con nuevas tecnologías. El comité formado por 54 expertos tiene la tarea de evaluar las implicaciones de esta técnica sin comprometer el bienestar ambiental y social de las comunidades afectadas.
A pesar de las advertencias sobre los riesgos de contaminación y las emisiones de metano que conlleva el fracking, la administración de Sheinbaum busca explorar las reservas de gas y la disponibilidad de agua salada a través de la perforación de pozos exploratorios, lo cual marcará un paso importante en la política energética del país.